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Todos cambiamos al ritmo de nuestro
exterior y nuestro interior. Nos adaptamos, nos revelamos o nos
conformamos, pero nos movemos.
Las obras de un artista no pueden
estar sujetas a una única fórmula estilística,
técnica o mercantilista; significaría estatismo y
artificialidad. Sería lo propio de un producto industrial
pero no de un creador que trabaja en base a su pensamiento, la sociedad
que le rodea y la historia que le precede.
Desde 1993, fecha en la que por
primera vez una entidad adquirió uno de mis cuadros, he pasado
por muchas etapas pictóricas. Cada etapa responde a su momento,
a mi situación, mi percepción y el estado de las cosas.
No concebiría seguir pintando lo mismo que hace 15 años,
igual que no mantengo muchos de los deseos o dudas de entonces.
Aunque parezca lógico, a
muchas personas les sorprende esta forma de entender la creación
pero, aún así, he optado por incluir algunos cuadros
de etapas anteriores.
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